Iván Yákovlevich Bilibin (Иван Яковлевич Билибин) (16 de agosto de 1876 - 7 de febrero de 1942) fue uno de los ilustradores más influyentes del siglo XX y diseñadores escénicos que tomó parte en el Mir iskusstva y contribuyó a los Ballets Rusos. A largo de su carrera, estuvo fuertemente inspirado por el folclore eslavo...http://es.wikipedia.org/wiki/Iv%C3%A1n_Bilibin
Entre 1902 y 1904 Bilibin viajó por el norte de Rusia, donde quedó fascinado por la arquitectura antigua de madera y el folclore ruso. La capacidad de Bilibin para fusionar la fiebre ornamental del modernismo con los motivos decorativos eslavos es sublime. Y no sólo eso: los temas épicos, la predilección por el elemento fantástico (la bruja Baba Yaga, el ave fénix), la representación de una naturaleza salvaje en todo su esplendor, hacen de Bilibin un consumado maestro en su arte.
Ilustración 'The Tale of Tsar Saltan' by Alexander Sergeyevich Pushkin
Una de las ilustraciones más hermosas de la serie que Bilibin realizó para Afanasiev es ésta, insertada en el cuento Vasilisa la bella, culminación o ejemplo perfecto de lo que hemos mencionado: tanto en la composición (Vasilisa temerosa se adentra en el bosque, con una calavera como farol, y al fondo vislumbramos la siniestra casa de Baba Yaga, con pie de pata de pollo), como el ornato de motivos vegetales, como el cuidado detallismo y color de la escena.http://cisne.blogspot.com/2009/08/ivan-bilibin-maestro-del-fin-de-siglo.html
Un pequeño apunte,la arquitectura de madera tradicional rusa inspira a cualquiera...qué maravilla.
En el verano de 1902 Iván Yákovlevich Bilibin (1876 -1942), el conocido artista, escenógrafo e ilustrador de cuentos populares rusos viajaron a la Provincein Vologda, al norte de Rusia. Así como la recogida y el estudio del arte popular local dibujó y fotografió la arquitectura de madera.
Me fijo en la cara de mis compañeros, más o menos están como entonces, cuando les conocí. Nadie cambia a los ojos de quien te observa día tras día. Me apetece quejarme, su presencia es como un tippex enorme que me emborrona las vacaciones. Tienen una facilidad pasmosa para hacerme entrar en la rutina. Pues me quejo, y mucho. Tal vez no se dan cuenta, o quizá yo les sugiero lo mismo, puede ser...Pero me quejo. Les culpo de verme en el espejo, en vez de morena, la piel cuarteada y a manchas. Tampoco me apetece compartir mi espacio, ahí está el problema, quizá...Y eso que estoy acelerada, excitada por el comienzo del nuevo curso...Luego nada me sorprende tanto como para justificar este estado de ánimo. En fin, estoy más o menos donde, cómo y con quien quiero, que ya es bastante..Besos y feliz regreso a todos...
A esto me refería...necesitaría un invento como este para una buena convivencia con mis "compis"...
Gloria Fuertes, desconocida Inolvidable. El jueves se cumplen diez años de la muerte de la poeta. La poesía infantil ocultó a la escritora del compromiso social. La próxima semana aparecerá el inédito ‘Se beben la luz', un poemario de denuncia social
Objetos y fotos de Gloria Fuertes en la sala de exposiciones del centro cultural Usera. - REYES SEDANOPAULA CORROTO - Madrid - 21/11/2008 21:01 Un papel, un bolígrafo y un paquete de tabaco. Eso era lo único que Gloria Fuertes necesitaba para vivir. Por eso, cuando murió, el 27 de noviembre de 1998 y se leyó el testamento, los 110 millones de pesetas que había ganado con sus intervenciones televisivas fueron a parar a una institución infantil. Lo que le habían dado los niños fue devuelto íntegramente a ellos. Así era esta mujer que nació en 1917 en el barrio madrileño de Lavapiés. Grandona, de voz portentosa, que poseía una gran humanidad y un enorme compromiso social. El famoso programa de niños Un globo, dos globos, tres globos (1974-1979), a cuya sintonía había puesto la letra, la hizo tremendamente famosa como poeta infantil. Creó su caricatura y la convirtió en una escritora para "la inmensa mayoría", como ella decía, pero también sepultó su poesía más adulta, más realista y más comprometida. Mucho por publicar "En los años cuarenta y cincuenta, cuando ella empieza a acceder a la vida literaria de Madrid y juntarse con el grupo de Carlos Edmundo de Ory y Francisco Nieva, sus versos tienen un enorme calado social, como todos los poetas de aquella época", cuenta Paloma Porpetta, presidenta de la Fundación Gloria Fuertes, creada en el año 2000, y cuyo principal esfuerzo es reivindicar esta parte más desconocida de la madrileña. Al morir donó 110 millones de pesetas a una institución infantil Es ahí donde también se encuentra su archivo -no abierto al público- que recoge cientos de inéditos y hasta 12.000 "papelitos, ya que Gloria escribía en cualquier parte", añade Porpetta. "Gloria fue una mujer que escribió todos los días, y por eso hay mucho por publicar", sostiene Luzmaría Jiménez Faro, directora de Ediciones Torremozas, y la mujer a quien dejó en herencia toda su obra. "Ella sabía que yo sólo editaba a mujeres y que cuidaría bien de su poesía", explica. El poeta Luis Muñoz compartió más de una noche de recital con ella. Era una reconocida noctámbula y aún se la recuerda declamando en el Pipe, el piano bar que se encontraba debajo de su casa de la calle Alberto Alcocer en Madrid. Muñoz reconoce que hubo dos hechos que marcaron su compromiso: la Guerra Civil (o incivil, según ella) y el franquismo. Pacifista "La guerra está siempre presente. Ella la recordaba siempre con estupor, con tristeza y con miedo. Por eso, siempre denunció sus conflictos y su horripilante maquinaria, además de todo tipo de abusos de los poderes religiosos y económicos", afirma Muñoz. El ejemplo está en el poemario Garra de la Guerra, editado por Media Vaca en una versión ilustrada en 2002: "Treinta meses me pasé/ como tantos y tantas madrileñas de bien/ bajo obuses y bombas por las buenas/comiendo gorgojos sin sal/ y lentejas rellenas", escribe en uno de sus versos. En el archivo permanecen cientos de poemas inéditos En relación con el periodo franquista, las personas que la conocieron manifiestan que no fue una militante política a la contra. Claro está que tampoco a favor. "Ella trabajó en la editorial Maravillas de España, que era del Movimiento, pero porque había que comer. Eso sí, aunque revestida de humor, hay una crítica muy fuerte a los dictadores", cuenta Paloma Porpetta. No soportaba ninguna forma de control de las personas. Gloria Fuertes fue una mujer libre que hizo lo que le dio la gana. Su independencia fue absoluta en una época donde ser una mujer soltera que trabajaba, que viajaba e incluso escribía acompañada de su cigarro y su copa era poco menos que la imagen de un ovni. En 1947, en plena dictadura rancia y mojigata, fundó la tertulia Versos con faldas, donde sólo acudían mujeres. Allí se leía a Unamuno -el poeta preferido de Fuertes-, San Juan de la Cruz o Gonzalo de Berceo. Incluso a coetáneos como Gabriel Celaya (la poesía también era un arma cargada de futuro para Gloria), Blas de Otero y Pablo Neruda. Y, por supuesto, a Ramón Gómez de la Serna, a quien la poeta admiradaba abiertamente y de quien copió ese formato breve de la greguería, que ella convertiría en gloriería. Doña Pitu, Piturra/ tiene unos guantes/Doña Pitu, piturra/muy elegantes. Versos como estos han hecho que varias generaciones (desde los nacidos en 1970 hasta hoy) sepan quién es Gloria Fuertes. Sin embargo, entre los más jóvenes hay un afán mayor por recuperar esta parte de su poesía adulta. "Tras unos años donde ha primado su caricatura, ahora sí veo una reivindicación de su obra. Para mí fue una poeta bastante underground y heterodoxa", atestigua la poeta Yolanda Castaño (Santiago de Compostela, 1977). También Elena Medel (Córdoba, 1985) resalta "esa facilidad que tenía para los juegos de palabras". "Es una poesía muy cercana, muy sencilla, pero que se nota que está muy trabajada", dice. Inmensa ternura La originalidad, el ritmo, la generosidad en su voluntad de comunicar, la mezcla de dolor y humor, su accesibilidad. Todo esto es lo que muestran los poemas - y también los cuentos, otra parte de su obra menos conocida- para la poeta Beatriz Ros (Málaga, 1984). Desde luego, la ternura y el amor aparecen de forma desbordada en obras como Pecábamos como ángeles, una compilación de poemas realizada por la propia Gloria antes de morir y que editó Torremozas en 2005. "Una tarde al llegar a casa/ me encontré con la sorpresa de quererte,/ fue una bomba en mis manos", escribió la poeta, que, además, siempre guardó con fuertes candados toda su vida íntima. En la actualidad, algunos poetas reclaman unas obras completas de Gloria Fuertes inexistentes. Ni para sus versos infantiles ni para los adultos. A día de hoy solamente existen las antologías Obras incompletas, Historia de Gloria (amor, humor y desamor), Mujer de verso en pecho, editadas por Cátedra. "No quiero editar unas obras completas porque aún hay muchísimo inédito. Incluso de teatro. Para mí, la posibilidad de seguir editándola quiere decir que está viva, y no la quiero ver muerta", explica la presidenta de la Fundación, Paloma Porpetta. Para muchos, desde luego, aún escribe en su mesa favorita de la Taberna Antonio Sánchez, en su barrio de Lavapiés. http://www.publico.es/culturas/176611/gloria/fuertes/desconocida
Isla ignorada, Madrid, Ediciones Musa Nueva, 1950; Madrid, Ediciones Torremozas, 1999. Antología y poemas del suburbio, Caracas, Editorial Lírica Hispana, 1954. Aconsejo beber hilo, Madrid, Arquero, 1954. Todo asusta, Caracas, Editorial Lírica Hispana, 1958. Que estás en la tierra, Barcelona, Seix Barral, 1962. Ni tiro, ni veneno, ni navaja, Barcelona, El Bardo, 1965. Poeta de guardia, Barcelona, El Bardo, 1968; Barcelona, Lumen, 1990. Cómo atar los bigotes al tigre, Barcelona, El Bardo, 1969; Madrid, Torremozas, 2002. Antología poética (1950-1969), pólogo y selección de Francisco Ynduráin, Barcelona, Plaza & Janés, 1970. Sola en la sala, Zaragoza, Javalambre, 1973. Cuando amas aprendes geografía, Málaga, Editorial del Curso Superior de Filología, 1973. Obras incompletas, Madrid, Cátedra, 1980. Historia de Gloria: (amor, humor y desamor), Madrid, Cátedra, 1983. Mujer de verso en pecho, Madrid, Cátedra, 1983. Pecábamos como ángeles, Madrid, Ediciones Torremozas, 1997. Glorierías (para que os enteréis), Madrid, Ediciones Torremozas, 2001. Glorierías (la voz y la palabra de Gloria Fuertes), Barcelona, Discoplay, 2001. Garra de la guerra, Valencia, Media Vaca, 2002para adultos Poesía Isla ignorada, Madrid, Ediciones Musa Nueva, 1950; Madrid, Ediciones Torremozas, 1999. Antología y poemas del suburbio, Caracas, Editorial Lírica Hispana, 1954. Aconsejo beber hilo, Madrid, Arquero, 1954. Todo asusta, Caracas, Editorial Lírica Hispana, 1958. Que estás en la tierra, Barcelona, Seix Barral, 1962. Ni tiro, ni veneno, ni navaja, Barcelona, El Bardo, 1965. Poeta de guardia, Barcelona, El Bardo, 1968; Barcelona, Lumen, 1990. Cómo atar los bigotes al tigre, Barcelona, El Bardo, 1969; Madrid, Torremozas, 2002. Antología poética (1950-1969), pólogo y selección de Francisco Ynduráin, Barcelona, Plaza & Janés, 1970. Sola en la sala, Zaragoza, Javalambre, 1973. Cuando amas aprendes geografía, Málaga, Editorial del Curso Superior de Filología, 1973. Obras incompletas, Madrid, Cátedra, 1980. Historia de Gloria: (amor, humor y desamor), Madrid, Cátedra, 1983. Mujer de verso en pecho, Madrid, Cátedra, 1983. Pecábamos como ángeles, Madrid, Ediciones Torremozas, 1997. Glorierías (para que os enteréis), Madrid, Ediciones Torremozas, 2001. Glorierías (la voz y la palabra de Gloria Fuertes), Barcelona, Discoplay, 2001. Garra de la guerra, Valencia, Media Vaca, 2002
“About a Son”, documental sobre Kurt Cobain Kurt Cobain narrando su propio documental. Eso es About a Son, un film realizado por AJ Schnack, basándose en 25 horas inéditas de audio, producto de las entrevistas que Michael Azerrad, periodista y biógrafo oficial del líder de Nirvana, realizó para su libro “Come As You Are: The Story of Nirvana”. En el documental Kurt narra su propia vida, desde su niñez y adolescencia hasta sus días de descubrimiento musical y más tarde, en sus días de inmanejable fama. http://www.cinencuentro.com/2007/06/13/about-a-son-documental-sobre-kurt-cobain/ En youtube podeís encontrar divididos en 11 videos el documental, ejemplo:
Tengo un nuevo seguidor, mi hermano...nunca he sido capaz de terminar un proyecto en común, escribió para mí unos cuentos, solamente he podido dar forma a uno de los personajes. Ahora prometo terminarlos.
El Encantador de rayos
Era una tarde de verano tan azul que la señora Katarina, lectora de profesión, se preguntó por un momento si su marido habría empezado a perder facultades.La inquietante idea le sobrevino en el momento inmediantamente anterior a morder una galleta de chocolate y avellana, mientras ojeaba un libro ilustrado sobre la moda femenina de finales del S. XIX en el cual las mujeres habían sido sustituídas por galgos de expresión alegre y coqueta. No habían llegado las primeras migas a caer sobre una pamela violeta con motivos florales cuando oyó el inconfundible crepitar que precede a un gran trueno. La señora Katrina tosió al atragantarse con la galleta (pues siempre que leía comía de forma impulsiva, sin apenas masticar) y su tosido retumbó por todo el salón, por el valle donde estaba su pequeña cabaña, por las colinas que les separaban de la ciudad, y puede que incluso por la ciudad. -¡El bigote de Proust!, exclamó cuando pensó en la magnitud del rayo que habría provocado aquel estruendo (aunque también por la vergüenza que le producía el haber dudado de su marido, el anciano Josué) y riendo alegremente dádose palmadas en la frente se acercó a la libería del fondo del salón y cogió "por el camino de Swam" , ojeó su cubierta y le dijo : -Hoy no te escapas, monstruito:es el día...Sentándose sobre la alfombra peluda se dispuso a leer el único libro que había conseguido llenar su alma de esteta de incógnitas y sobresaltos insalvables.
Ya hacía un buen rato que la señora Katrina leía bajo la luz de una vela, cuando oyó cómo la puerta de la entrada se abría lentamente. Una risa de comensal satisfecho, de maquinista cuyo tren se ha echado a volar, de gorrión de dos toneladas, anunció la llegada del anciano Josué, El Encantador de Rayos. -¿Oíste a la bestia, mujer?, dijo entrando al salón, el pelo encrespado, la ropa hecha jirones y los ojos brillando en medio de un rostro negro como las nubes con que acababa de batallar. -Oh, sí, sí, sí... -¿Eso es todo? Era infernal, una verdadera serpiente de fuego.¡He bailado con Zeus y le hecho la zancadilla cuando esperaba un beso!, dijo con los brazos en jarra. Abandonando su aventura de alta sociedad y refinados sentimientos , la señora Katrina se incorporó y contempló a aquel hombre que suplicaba aprobación con cada músculo de su cuerpo. -Mi tiempo de gladiador, mi salvaje de ojos puros y honestos , le susurró besándole en la mejilla y mesándole la barba cana. Viendo que sus ojos se entornaban adoptando esa forma peculiar de cachorro hambriento de calor, le guió, con un enérgico tirón de mano, hacia el baño. Más tarde, la pareja se hallaba en la bañera bebiendo a pequeños sorbos un té oscuro y fuertemente aromatizado, regalo de un amigo indio de Josué, y escuchando la voz rota de Johny Cash, cuando el cazador de rayos se irguió sobre el respaldo y , con voz serena , reconoció: - Ya no estamos en el mundo.En un valle, en un agujero, en una boca que traga sin masticar...Ahí estamos Katrina. -Bueno, bueno... -El Dios de la Miseria, quees el único Dios en el que creo (porque lo he visto), puede decirlo: he luchado, maldita sea, contra los piojos, la apatía, el cemento. la crueldad, el desencuentro, la estupidez...Y ahora estoy aquí, repantingado y chocho, complaciéndome de mi increíble sabiduría. Si no fuera por ti ya estaría muerto. -No eres tan sabio. Alguien sabio no se creería el único dueño de su destino, dijo la señora Katrina recogíendose el pelo húmedo y saliendo de la bañera. Josué, admirando el cuerpo de carnes aún prietas y músculos ágiles de su compañera se echó a reir, una risa de orgullo herido, más catártica que cualquier cataclismo.
Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 - Buenos Aires, Argentina, 19 de febrero de 1937), cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo-argentino. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista. Sus relatos breves, que a menudo retratan a la naturaleza como enemiga del ser humano bajo rasgos temibles y horrorosos, le valieron ser comparado con el estadounidense Edgar Allan Poe.
Obras publicadas
Los arrecifes de coral (poesía, 1901) El crimen del otro (cuentos,1904) El almohadon de plumas (cuento 1907) Historia de un amor turbio (novela, 1908) Cuentos de amor de locura y de muerte (cuentos, 1917) Cuentos de la selva (cuentos, 1918) El hombre muerto (cuento, 1920) El salvaje (cuentos, 1920) Las sacrificadas (teatro, 1920) Anaconda (cuentos, 1921) El desierto (cuentos, 1924) La gallina degollada(cuentos, 1925) Los desterrados (cuentos, 1926) Pasado amor (novela, 1929) Suelo natal (libro de lectura para cuarto grado, 1931, en colaboración con Leonardo Glusberg) Más allá (cuentos, 1935) El sillon del dolor (cuentos, 1937) Amor de Madre (cuento,1939)
13/01/2009 El hombre muerto[Cuento. Texto completo] Horacio Quiroga
El hombre y su machete acababan de limpiar la quinta calle del bananal. Faltábanles aún dos calles; pero como en éstas abundaban las chircas y malvas silvestres, la tarea que tenían por delante era muy poca cosa. El hombre echó, en consecuencia, una mirada satisfecha a los arbustos rozados y cruzó el alambrado para tenderse un rato en la gramilla. Mas al bajar el alambre de púa y pasar el cuerpo, su pie izquierdo resbaló sobre un trozo de corteza desprendida del poste, a tiempo que el machete se le escapaba de la mano. Mientras caía, el hombre tuvo la impresión sumamente lejana de no ver el machete de plano en el suelo. Ya estaba tendido en la gramilla, acostado sobre el lado derecho, tal como él quería. La boca, que acababa de abrírsele en toda su extensión, acababa también de cerrarse. Estaba como hubiera deseado estar, las rodillas dobladas y la mano izquierda sobre el pecho. Sólo que tras el antebrazo, e inmediatamente por debajo del cinto, surgían de su camisa el puño y la mitad de la hoja del machete, pero el resto no se veía. El hombre intentó mover la cabeza en vano. Echó una mirada de reojo a la empuñadura del machete, húmeda aún del sudor de su mano. Apreció mentalmente la extensión y la trayectoria del machete dentro de su vientre, y adquirió fría, matemática e inexorable, la seguridad de que acababa de llegar al término de su existencia. La muerte. En el transcurso de la vida se piensa muchas veces en que un día, tras años, meses, semanas y días preparatorios, llegaremos a nuestro turno al umbral de la muerte. Es la ley fatal, aceptada y prevista; tanto, que solemos dejarnos llevar placenteramente por la imaginación a ese momento, supremo entre todos, en que lanzamos el último suspiro. Pero entre el instante actual y esa postrera expiración, ¡qué de sueños, trastornos, esperanzas y dramas presumimos en nuestra vida! ¡Qué nos reserva aún esta existencia llena de vigor, antes de su eliminación del escenario humano! Es éste el consuelo, el placer y la razón de nuestras divagaciones mortuorias: ¡Tan lejos está la muerte, y tan imprevisto lo que debemos vivir aún! ¿Aún...? No han pasado dos segundos: el sol está exactamente a la misma altura; las sombras no han avanzado un milímetro. Bruscamente, acaban de resolverse para el hombre tendido las divagaciones a largo plazo: se está muriendo. Muerto. Puede considerarse muerto en su cómoda postura. Pero el hombre abre los ojos y mira. ¿Qué tiempo ha pasado? ¿Qué cataclismo ha sobrevivido en el mundo? ¿Qué trastorno de la naturaleza trasuda el horrible acontecimiento? Va a morir. Fría, fatal e ineludiblemente, va a morir. El hombre resiste -¡es tan imprevisto ese horror!- y piensa: es una pesadilla; ¡esto es! ¿Qué ha cambiado? Nada. Y mira: ¿no es acaso ese el bananal? ¿No viene todas las mañanas a limpiarlo? ¿Quién lo conoce como él? Ve perfectamente el bananal, muy raleado, y las anchas hojas desnudas al sol. Allí están, muy cerca, deshilachadas por el viento. Pero ahora no se mueven... Es la calma del mediodía; pero deben ser las doce. Por entre los bananos, allá arriba, el hombre ve desde el duro suelo el techo rojo de su casa. A la izquierda entrevé el monte y la capuera de canelas. No alcanza a ver más, pero sabe muy bien que a sus espaldas está el camino al puerto nuevo; y que en la dirección de su cabeza, allá abajo, yace en el fondo del valle el Paraná dormido como un lago. Todo, todo exactamente como siempre; el sol de fuego, el aire vibrante y solitario, los bananos inmóviles, el alambrado de postes muy gruesos y altos que pronto tendrá que cambiar... ¡Muerto! ¿pero es posible? ¿no es éste uno de los tantos días en que ha salido al amanecer de su casa con el machete en la mano? ¿No está allí mismo con el machete en la mano? ¿No está allí mismo, a cuatro metros de él, su caballo, su malacara, oliendo parsimoniosamente el alambre de púa? ¡Pero sí! Alguien silba. No puede ver, porque está de espaldas al camino; mas siente resonar en el puentecito los pasos del caballo... Es el muchacho que pasa todas las mañanas hacia el puerto nuevo, a las once y media. Y siempre silbando... Desde el poste descascarado que toca casi con las botas, hasta el cerco vivo de monte que separa el bananal del camino, hay quince metros largos. Lo sabe perfectamente bien, porque él mismo, al levantar el alambrado, midió la distancia. ¿Qué pasa, entonces? ¿Es ése o no un natural mediodía de los tantos en Misiones, en su monte, en su potrero, en el bananal ralo? ¡Sin duda! Gramilla corta, conos de hormigas, silencio, sol a plomo... Nada, nada ha cambiado. Sólo él es distinto. Desde hace dos minutos su persona, su personalidad viviente, nada tiene ya que ver ni con el potrero, que formó él mismo a azada, durante cinco meses consecutivos, ni con el bananal, obras de sus solas manos. Ni con su familia. Ha sido arrancado bruscamente, naturalmente, por obra de una cáscara lustrosa y un machete en el vientre. Hace dos minutos: Se muere. El hombre muy fatigado y tendido en la gramilla sobre el costado derecho, se resiste siempre a admitir un fenómeno de esa trascendencia, ante el aspecto normal y monótono de cuanto mira. Sabe bien la hora: las once y media... El muchacho de todos los días acaba de pasar el puente. ¡Pero no es posible que haya resbalado...! El mango de su machete (pronto deberá cambiarlo por otro; tiene ya poco vuelo) estaba perfectamente oprimido entre su mano izquierda y el alambre de púa. Tras diez años de bosque, él sabe muy bien cómo se maneja un machete de monte. Está solamente muy fatigado del trabajo de esa mañana, y descansa un rato como de costumbre. ¿La prueba...? ¡Pero esa gramilla que entra ahora por la comisura de su boca la plantó él mismo en panes de tierra distantes un metro uno de otro! ¡Ya ése es su bananal; y ése es su malacara, resoplando cauteloso ante las púas del alambre! Lo ve perfectamente; sabe que no se atreve a doblar la esquina del alambrado, porque él está echado casi al pie del poste. Lo distingue muy bien; y ve los hilos oscuros de sudor que arrancan de la cruz y del anca. El sol cae a plomo, y la calma es muy grande, pues ni un fleco de los bananos se mueve. Todos los días, como ése, ha visto las mismas cosas. ...Muy fatigado, pero descansa solo. Deben de haber pasado ya varios minutos... Y a las doce menos cuarto, desde allá arriba, desde el chalet de techo rojo, se desprenderán hacia el bananal su mujer y sus dos hijos, a buscarlo para almorzar. Oye siempre, antes que las demás, la voz de su chico menor que quiere soltarse de la mano de su madre: ¡Piapiá! ¡Piapiá! ¿No es eso...? ¡Claro, oye! Ya es la hora. Oye efectivamente la voz de su hijo... ¡Qué pesadilla...! ¡Pero es uno de los tantos días, trivial como todos, claro está! Luz excesiva, sombras amarillentas, calor silencioso de horno sobre la carne, que hace sudar al malacara inmóvil ante el bananal prohibido. ...Muy cansado, mucho, pero nada más. ¡Cuántas veces, a mediodía como ahora, ha cruzado volviendo a casa ese potrero, que era capuera cuando él llegó, y antes había sido monte virgen! Volvía entonces, muy fatigado también, con su machete pendiente de la mano izquierda, a lentos pasos. Puede aún alejarse con la mente, si quiere; puede si quiere abandonar un instante su cuerpo y ver desde el tejamar por él construido, el trivial paisaje de siempre: el pedregullo volcánico con gramas rígidas; el bananal y su arena roja: el alambrado empequeñecido en la pendiente, que se acoda hacia el camino. Y más lejos aún ver el potrero, obra sola de sus manos. Y al pie de un poste descascarado, echado sobre el costado derecho y las piernas recogidas, exactamente como todos los días, puede verse a él mismo, como un pequeño bulto asoleado sobre la gramilla -descansando, porque está muy cansado. Pero el caballo rayado de sudor, e inmóvil de cautela ante el esquinado del alambrado, ve también al hombre en el suelo y no se atreve a costear el bananal como desearía. Ante las voces que ya están próximas -¡Piapiá!- vuelve un largo, largo rato las orejas inmóviles al bulto: y tranquilizado al fin, se decide a pasar entre el poste y el hombre tendido que ya ha descansado.
El cortometraje"EL HOMBRE MUERTO" dirigido por nuestro director Julián Goyoaga ha sido seleccionado a participar en el Festival de Cine de Rotterdam. http://www.filmfestivalrotterdam.com "El Hombre Muerto" es una adaptación de el cuento de Horacio Quiroga. Está protagonizado por Roberto Suarez.